Focus Group: queremos ser actuales

sábado, 8 de diciembre de 2007

Huele a mujer en cada rincón, "Desde la otra orilla", Nelsón Avilés, Colectivo de arte La Vitrina.

Desde un principio la sintonía comienza a desplazarse en la atmósfera, me he juntado con mujeres, solo con mujeres, una de éstas ha invitado a su novio para participar al igual que nosotros como espectador y debido a eso me he tenido que disponer a esperar bastante tiempo, tuve la intuición de que el hombre se atrasaría y que ella querría que la acompañáramos hasta su llegada a la estación. Son las así las relaciones de pareja, siempre hay alguien que espera más que el otro, siempre a uno le toca esperar, y esta vez le toco a esta mujer. Acaso no es la mujer quien históricamente se presta a la compañía del hombre, a la espera de la acción varonil, es ella quien espera en la inconstancia del varón. Estuve a pocos minutos de llegar tarde a la función, pero no fue así, finalmente el hombre llegó. Corrí con ellas y él hasta llegar al lugar donde sería la función, nos demoramos, pues no solo tuve que esperar a este novio atrasado, sino que también debí observar como ellas se dedicaban a ver hasta la más mínima y nueva aparición a su vista, contemplaban como si tuvieran el tiempo para resolver cada cosa que se les manifestara. A pesar de ir al filo del tiempo.

Corrí y ya estando en San Ignacio 1631, miro alrededor de mi persona y el público que espera la función es mayoritariamente mujer, Pocos son los hombres que se divisan. Es éste un arte del que disfrutan las mujeres ó son las mujeres quienes más se prestan a cosas fueras del que hacer cotidiano. Si, definitivamente son ellas quienes se prestan a estas vivencias, son ellas quienes se detienen al arte del contemplar, del tiempo al tiempo, de las vivencias extra programáticas, de lo que ya no está condicionado; dedican tiempo a beneficiar el placer personal por sobre lo cotidiano, lo regular del diario vivir. Aunque hay hombres que también lo hacen, pero pareciese son minoría.

Mujeres, acaso no fue mujer la que nos recibió en la puerta. Claro, fue una de ellas quien preguntó si me encontraba en la lista. Soy hombre y a veces un poco irresponsable, no queriendo generalizar al hombre como irresponsable, se que somos varios, pero no todos, pero no me daré más vuelta he iré donde quiero llegar, y donde quiero llegar es a que la mujer es quien prevee todo esto; y cómo lo confirmé, mis amigas si habían reservado. La mujer ha explorado en espacios que solo ella ha prestado atención, pues se las dedica por esta especie de intuición, “intuición femenina” que llaman ellas. A ellas no hay duda que las asalte sin tener algo de ésta ya casi resuelta, eso mismo les entrega seguridad, relajo, optimismo y orden. Uno debiese entregar tiempo a la admiración, es ese el mejor espacio, pues uno se entrega a un algo que nos impacta, pues este que contemplamos se nos vuelve sublime ante la vida, ante el instante en que gozamos de la presencia de este. Es el mundo donde quería llegar, la Contemplación.

Vamos apagando los celulares, entrando por el pasillo, voy ansioso a ver que prepara la vitrina esta vez, que es lo que en esta ocasión se nos propone a los ojos del que ve la danza; esa acción que está en el cuerpo del que fue objeto de aquel hombre que tuvo la idea en mente y la trazó en las damas que esta vez se nos presentan “Desde la otra orilla”.

En el recorrido a la sala en que está todo dispuesto para la función, hay montes cubiertos de nailon. Antes de llegar al espacio de la danza me he fijado en lo que se esconde bajo esos naílones, no puedo dejar de maravillarme con estos inmensos cerros de conservas, estas cajas con material de limpieza; esos frutos y útiles me envuelven sin cesar la vacilación. Claramente me han traído a un lugar que me somete en la magia de las cosas simples, esta magia que te envuelve en la soberanía del buen consumidor, del que anhela cuanto alimento ahí está o bien del que se encanta al ver tantas cosas similares puesta en una gran formación en el lugar menos esperado; un pasillo a la sala de danza. Está ahí todo bien ordenado, como lo hubiesen hecho unas dedicadas mujeres. Quizás éstas no lo hicieron, pero claramente nuestras imágenes pueden viajar a la despensa de nuestros hogares. Esas que están arregladas por la madre o la nana, siempre una mujer; porque creo que son las mujeres las más dedicadas. Y el que quiera debatir a mi formulación, que lo haga, pero no ahora, pues ahora tengo libre espacio para dejarme volar y explorar en la sensación que quizás pudo producir esta experiencia en aquel pasillo.

Entro a la obra y veo a estas seis mujeres entrar al espacio, cada cual desde su orilla, perfectamente ordenadas. Veo sus miradas y en ellas veo un cúmulo de nostalgia, de admiración, de goce; Jamás festivo, pero si contemplativo. El punto que he abordado, la contemplación, lo he querido abordar desde la admiración que esta conlleva, desde esta situación intensa que provoca, desde la religiosa que puede llegar a ser como experiencia. Y he visto que esta se desenvuelve en las miradas, son éstas mismas las que ayudan a creer que hay un algo que estas mujeres analizan, que conjugan en su vida y contemplan. Si vuelvo hasta aquel momento en que estoy frente a estas mujeres, solo puedo recordar esto que aquí señalo, son miradas y posiciones de brazos lo que más recuerdo; pero lo que más me marcaba eran los ojos, y no todos los que ahí había, sino solo algunos. Dudo que todas las que ahí estaban se entregaran fiel y cien por ciento al momento, porque solo la interpretación de algunas me llegó a conectar. Pero esos algunos fueron suficientes para ver que en algo del imaginar del coreógrafo estaba la idea de contemplación. Y claramente lo encontré, en miradas impresas en momentos tangibles. Veo aquí a mujeres en espacios cotidianos y otros muy lejanos a esta ciudad en que hoy vivimos, veo colinas, a veces mar y en algún instante pude ver espacios muy íntimos; espacios compartidos y a veces otros que olían a invitación.

En estos instantes es cuando veo esta dedicación que la mujer brinda a cosas que están ahí y que creemos no vemos por la fiebre natural del hombre, esa que nos tiene condicionados a producir y no a vivir. Quizás un juicio de valor que hago a la vida, pero que no deja de ser mi propia teoría del porque no somos capaces de abrir los ojos a mirar cosas tan inmensas que se nos presentan en la vida como si fuesen tan insignificantes. No es acaso el valle, las montañas, el mar; la tierra y el agua misma, los que nos hacen disfrutar, cuando los vemos y dedicamos a ellos nos hacen gozar de estos como si fuesen el más delicioso manjar que la vida nos puede obsequiar. Y rara vez sentimos la grandeza de aquello.

Desde dónde puedo hacer conexión con lo anteriormente hablado, los nexos los encontré simplemente en lo femenino que se me viene a la mente en cosas tan pequeñas que a veces somos incapaces de ver y que la mujer si hace notar. Pues el pensamiento machista dice, la mujer siempre quiere ver donde hay nada que ver. Pero la llena de sabiduría por su constante búsqueda en la riqueza de su vivir, ella siempre busca respuestas, o mas que eso, siempre se dedica a vivir gozando de cada entrega que el planeta nos da por diminuta que sea.

Veo como se desarrolla la obra y no puedo dejar de creer en que el coreógrafo ha tomado su propia visión femenina desde el hombre para desarrollar la contemplación a aquellos espacios de la vida. Pues hablando con él he logrado ver que si es lo que pensé y que su idea radicaba en ver aquellos espacios que muy pocas veces nos volcamos a ver. Pues es lo más notorio en la obra, es la primordial lectura que podemos dar como espectador a esta obra presentada, pues si no fuese este el objetivo no se que es lo que debiese ver. Me pongo a pensar y creo que no es otra cosa sino la contemplación lo que puedo ver. Y si esta no estuviese ahí quiere decir que no comprendí o que el compositor no me supo decir.

Pasa que la obra es demasiado abstracta y a veces me pregunto que pasa con la gente que no entiende esta abstracción del artista, se va pensando en que es un incapaz de comprender la idea del otro y que este arte simplemente no está hecho para ser visto por él. Pues muchas veces me quedé con la sensación de no poder comprender y es ahí cuando creo que toma más valor una danza más concreta por sobre la vanguardia que nos sumerge en ideas locas que son solo la abstracción de algo que pudo ser más legible para cierto público.

Pero vuelvo a lo mío y en ello he hablado de la mujer que espera, de aquella que busca, de aquella que anhela y la que trabaja; y como no, si en la contemplación existe todo lo antes mencionado. Y claramente esta actividad se vuelve un tanto religiosa, una actividad un tanto ritual. Y esto lo vemos en la forma que las mujeres entran al espacio, en la repetición de algunos movimientos marcados, y la posición de sus brazos, en la mirada, en la búsqueda de un algo, en la respuesta de otras.

Si, la mujer dedica tiempo y he dado ejemplos tan cotidianos, como el trabajo del hogar o del orden de la mujer, como también la espera a un novio. Pues creo yo que la constancia de la mujer en esto vuelve en mi esta imagen como un ritual dentro de la relación de pareja, dentro de la vida, dentro de la mujer que espera, que anhela, que se presenta con tiempo para las cosas a las cuales a veces no queremos dedicar por individualistas que nos volvemos y dejamos al olvido cosas tan inmensas y enriquecedoras.

Esta entrega es la que a la mujer entrega seguridad, relajo, orden y optimismo. Esto se ve en la muestra y se ve en como las mujeres están dispuestas a la vivencia del espacio y de la experiencia subjetiva que se da en la obra dispuesta por el colectivo, y en la vida en si.



Por qué mujeres las interpretes, porque son muchas, porque son un reflejo de la dedicación y disposición; escuché decir que era porque ellas eran mayoría en ese entonces en el colectivo y que hoy se retoma como homenaje, pero sin duda, para mi experiencia subjetiva con el trabajo de Avilés, creo que sin duda debiese ser por lo fiel que puede llegar a ser la mujer con estos rituales ya no vigentes y tampoco hago odio sordo a la idea de que son mujeres porque eran el material dispuesto para el colectivo en ese entonces. La contemplación no es un don del hombre contemporáneo; cuesta encontrar instancias que nos brinden este beneficio del vivir, peor el que la busca la encontrará y se podrá dedicar a ella.

Digo huele a mujer en cada rincón, puesto que son éstas las que me han estado en la obra, las que se me vienen a la mente en cada experiencia subjetiva que he tendido para con esta obra, con este momento compartido con la vitrina.

Hoy contemplo el accionar de la mujer y la idea que creo podría haber sido trabajada por el autor. O quizás, desde lo más profundo, solo indago en mi propia idea de lo comprendido en mi relación con “Desde la otra orilla”. Porque fue así como lo viví, oliendo a mujeres en cada rincón.

agrego que todo lo que pueda haber escrito en este, puede ser modificado en mi pensar si vuelvo a ver la obra o si m presto nuevamente a analizar, pues todo lo que uno cree y piensa está en constante variación.

Ensayo de Guillermo Becar A, "Huele a mujer en cada rincón"-por la obra-"Desde la otra orilla", de Nelsón Avilés, Colectivo de arte La Vitrina.Profesor guía: Mª José Cifuentes

No hay comentarios: