
“Alaska”
Teatro de Universidad Católica: foro abierto, músicos colocados en el lado izquierdo del espectador. El escenario tiene un cuadrado en el centro, más alto que el resto. En el costado derecho hay una mesa con botellas de agua, cafetera, vasos.
En el centro del espacio hay un hombre sentado en una silla con un cartel que dice “Estoy desesperado”. Va cambiando de lugar llevándose la silla al sitio donde se desplaza.
Hay un sonido constante, un zumbido fuerte e incómodo que hasta hace necesario taparse los oídos.
Entra una mujer, balancea sus brazos de arriba hacia abajo, con impulsos fuertes. Su gesto es triste, angustioso. Sus movimientos repetidos, lineales. El hombre la mira. Entra otro hombre que mueve sus brazos como si lanzara pelotas, se sienta en el suelo y repite una secuencia de movimientos. Ella salta en el lugar.
Entra otra mujer se quita la blusa y mueve el tórax, ondula la espalda y el abdomen. Entra música de violín sobre el zumbido. Sale la primera mujer al costado derecho, fuera de la escena. Se sirve agua y la toma. Salen la otra mujer y el primer hombre. El otro queda solo en el suelo. El zumbido acaba y entra sonido de golpes...
Entra otra mujer se quita la blusa y mueve el tórax, ondula la espalda y el abdomen. Entra música de violín sobre el zumbido. Sale la primera mujer al costado derecho, fuera de la escena. Se sirve agua y la toma. Salen la otra mujer y el primer hombre. El otro queda solo en el suelo. El zumbido acaba y entra sonido de golpes...
Todo tiene un tono angustioso, repetido, e incómodo. Las bailarinas, Noelia Leoncio y Alejandra Ferreyra Ortiz, son precisas y con unos cuerpos muy bien trabajados que se mueven con escrupulosidad.
La música en vivo es de Ulises Conti. En el comienzo el sonido es tan agresivo, que hace temer por lo tímpanos de los espectadores. Luego al entrar sonidos melodiosos de violín o piano uno se reconcilia con la música.
Los intérpretes Lucas Condró y Pablo Lugones son más actores que bailarines. Las acciones teatrales los desplazan dentro y fuera del cuadrado mágico designado para mostrarlas. Caminan, ruedan, se sientan y se paran. Se ponen y se quitan prendas de vestir. Se abrazan, se cargan, se manipulan unos a otros. Se suceden solos, dúos, tríos y cuartetos todos en el mismo tono.
Los cincuenta minutos que dura el espectáculo se hacen agotadores, quizá porque ellos hacen ver que es agotador. Una escena recordable es cuando la mujer no quiere que el hombre se ponga los pantalones y se trepa sobre su espalda. Entonces él aprovecha para quitarle sus pantalones, mientras ella se desliza sobre el cuerpo de él. Es una secuencia de trepadas y deslizadas por el cuerpo, mientras continúan con la acción, muy bien lograda.
Diana Szeinblum, la coreógrafa, es bailarina, actriz y argentina. Quizá por eso el nombre de la obra fue “Alaska” y no “Tierra del Fuego”.
“Alaska” se presentó representando a la danza argentina en el XV Festival Internacional Santiago a Mil 2008, en Santiago de Chile. Recibió subsidios del Fondo Cultura BA en 2005, Prodanza en 2006 y del Instituto Nacional de Teatro en 2007.
Escrito por Mabel Miana
Me parece una obra que se dedica al tiempo, se desarrolla con gran énfasis en él, más allá de ser una intención del autor.
Desenvuelve un cuerpo en armonía con la angustia que este desea expresar, veo la exploración en el arraigo que posee el hombre en sus conflictos, en sus desesperanzas. Es un trabajo enriqueciendo por movimientos muy simples, que se vuelven una constante siendo aveces sublimes para el espectador.
Se produce una transformación continua en lo que uno puede ir pensando del estado de los interpretes, pues se divaga entre tantas emociones cautelosas, que aveces te limita hasta el propio pensamiento.
El cuento no está en el virtuosismo, sino en la trama, es el desarrollo de esta misma, la que te hace desembocar en desesperación misma.
El final me parece, quizás, un tanto noble en no ser acucioso.
Guillermo Becar Ayala

Me parece una obra que se dedica al tiempo, se desarrolla con gran énfasis en él, más allá de ser una intención del autor.
Desenvuelve un cuerpo en armonía con la angustia que este desea expresar, veo la exploración en el arraigo que posee el hombre en sus conflictos, en sus desesperanzas. Es un trabajo enriqueciendo por movimientos muy simples, que se vuelven una constante siendo aveces sublimes para el espectador.
Se produce una transformación continua en lo que uno puede ir pensando del estado de los interpretes, pues se divaga entre tantas emociones cautelosas, que aveces te limita hasta el propio pensamiento.
El cuento no está en el virtuosismo, sino en la trama, es el desarrollo de esta misma, la que te hace desembocar en desesperación misma.
El final me parece, quizás, un tanto noble en no ser acucioso.
Guillermo Becar Ayala
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