A ratos uno tiende a creer que Valparaíso es la capital de la Igualdad, aquello que en política y
razón social se ha buscado establecer por años en Chile pero que jamás ha
logrado llegar a puerto. La ciudad de Valparaíso es el espacio en que logran
convivir las diferencias arquitectónicas, educacionales, estéticas,
geográficas, sociales, económicas y muchas otras, estableciendo un punto de
comunión que a rato es escalofriante y en otros momentos merecedora de aplausos,
que para algunos puede ser una verdadera o falsa Igualdad, ese juicio que lo haga cada uno,
algunos dirán que es una ciudad que se disfraza como un territorio en que todo
bien convive y otros dirán que es falso.
En los Recorridos por diversos Cerros con los lectores de
contexto pudimos dar cuenta de esa realidad en cuanto a la “igualdad”, de esa
manera de construir ciudad, para otros
reconocer la crueldad con que una ciudad crece y no se respeta en términos de
cuidado y aseo. Por otra parte y muy presente en estos viajes y en la ponencia
de Rocío Venegas (socióloga) pudimos
dar cuenta de la rusticidad, situación latente que puede ser parte del folclore
y de lo bello de una ciudad, siendo hasta sublime, pero que a la larga se transforma
en una complejidad, en un peligro, en un problema que las autoridades debieran
poner en carpeta. Valparaíso es una ciudad en que convive la rusticidad, la precariedad
con lo moderno, lo contemporáneo…el peligro.
La ciudad viene siendo un foco de desarrollo económico por
lo que el turismo deja saldos a favor, pero pareciera que sólo se ven
beneficiados dos o tres cerros en donde el colorido y la majestuosidad de sus
edificaciones es tanto más grande que si no prestamos ojo al más allá no somos
capaces de ver que hay una centena de otros cerros gritando para que veamos que
existen.
Al puerto lo que es del puerto y nada del puerto a lo que es
la ciudad que contiene el puerto, porque poco desarrollo o cuidado general a la
ciudad se ve, hasta pareciera que el
“honorable” título de patrimonio de la humanidad no se valida por los
habitantes. Valparaíso es una ciudad llena de basura, de mierda de
perros, de olor a pichí o producto marino descompuesto, con olor a incendio,
con olor a puerto, con perros y gatos callejeros, ratas, a insalubridad…aunque posee esos cerritos que nos muestran
el recorrido, la limpieza, lo culinario, la magia de subir a un
ascensor y la “seguridad” que nos hacen creer que Valparaíso pleno es así pero
que no lo es.
Valparaíso en un gran cerro con muchas lomas que se impone a
la contemplación derivada de sus coloridos, del como una casa pequeña pintada
de color puede ser vista desde lejos y conviviendo con una casa gigantesca que
colinda con ella, entre las cuales surge un gran edificio que pareciera empañar
la belleza y cubre tanto la vista de quienes queremos ver las cumbres como la
vista de quienes desean ver el mar o el cerro vecino, torres que no son más que
un plomo de cemento sin la historia que cada otra pequeña o gran casa poseen pero que crea un nuevo episodio para la historia, más o menos denso, pero episodio.
Esta ciudad alberga un grupo gigantesco de entidades
educacionales superiores, concentrando un alto número de población estudiantil
en la ciudad que atrae también intercambios y turismo a la zona. Lo que también
potencia al puerto es la llegada de los grandes
cruceros a este territorio nacional.
Valparaíso es un gran laberinto de escaleras pintorescas,
pero que fomentan la delincuencia. La belleza de la ciudad está en sus
edificaciones, los colores, lo que satura. Pero tiene también millones de
encantos que no serán expuestos aquí, pues mi propuesta de trabajo sobre la
ciudad estuvo dada a partir de lo que expuse anteriormente y pude verlo también
en propuestas de mis compañeros becarios,
existiendo un par de excepciones que salieron de la crueldad visual y
emocional de la ciudad, visiones opuestas en que pude ver el sentido de
pertenencia y amor a su territorio.
Que haya comenzado a manifestar esto de Valparaíso no
significa que no sea un ciudad que me agrade, pero en este viaje por la ciudad
pude prestar ojo a tales manifestaciones.
A continuación presento una serie de comentarios a lo que vi en los trabajo de los diversos Becarios del Laboratorio de Creación en Movimiento Sur. Ojo que son sólo comentarios que pueden estar acordes a lo expuesto o elaborado por cada creador o ser muy ajenos y sólo ser parte de mi visión, quizás esté en algún proceso de vida en que esté dando interpretaciones que no tienen relación directa con lo que acontece verídicamente en las obras, pero las obras terminan de construirse en lo que provocan en el espectador y no siempre se ajustan a lo que deseamos establecer como discurso. Por otra parte debo señalar que son visiones muy sencillas y lejanas a todo tipo de conceptualización o teorización intelectual de nuestro hacer, pues ese trabajo ya lo hicieron aquellos que expusieron su ciudad y luego comentaron nuestros trabajos sobre el césped del Parque Cultural de Valparaíso.
Y en el tono del Laboratorio, pido disculpas si alguno cree
que entré o situé su obra en un terreno que es totalmente ajeno al que él pudo
visionar de su hacer.
Agradezco también la paciencia, colaboración, comunión e
inquietudes de todos y cada uno de los becarios del Laboratorio pues eso
enriqueció el proceso de investigación, creación y residencia en la ciudad de Valparaíso,
así también destaco la resistencia de cada uno, la presencia y la ausencia de
otros, los abrazos, los saludos y los no saludos de alguno que por ahí no
alcanzó a sentirse parte de algo que nos movió interna y externamente.
Pido disculpas a aquellos que no pude profundizar en un
texto más largo sobre su propuesta, pues era parte del juego el quizás no
lograr ver los resultados totales de todos, eso creo que lo propusimos en
alguna de nuestras reuniones colaborativas. Particularmente al grupo de tierra Felipe Díaz (Actor, Valparaíso-Chile), Morín González (Actriz, Valparaíso-Chile), Carla Bolgeri (Bailarina/Coreógrafa/Cantante, Santiago-Chile) y Paola Gamboa (Actriz/Bailarina, Valparaíso-Chile) por no
escribir sobre su trabajo pero sólo alcancé a llegar a la repartición de pan. Y
a Mariela Valdebenito (Bailarina, Valparaíso-Chile) que por temas de viaje no logré ver su trabajo pero fue un agrado su
presencia absoluta la primera semana de convivencia y trabajo, fuiste una gran
anfitriona de tu ciudad.
“Instalaciones”
Co-creado por Abigail
Gueler (Bailarina/Docente/Investigadora, Rosario-Argentina), Isabella
Goncalves (Bailarina, Sao Paulo-Brasil), Estefanía Solórzano (Actriz/Bailarina, Guayaquíl-Ecuador) y Guillermo Becar (Coreógrafo/Docente/Bailarín/Columnista, Villarrica/Santiago-Chile)
se buscaba plasmar la convivencia entre las edificaciones presentes en la
ciudad, tanto en la diversidad de tamaños, coloridos, alturas y profundidades,
con la idea del cómo algunas tapan de la visibilidad de otras, del cómo se
imponen por sobre otras, o del crecimiento de una casa al lado de otra y como
se le construye otra y otra y se crea una especie de cité o pequeño barrio
familiar. Ideas derivadas de la ponencia de Marcela Soto (arquitecto). Todo eso más lo expuesto al inicio de
este texto fue manifestado en la instalación de los barquitos o botecitos de
papel que flotaban en la sala de lectura del Parque Cultural de Valparaíso,
instalación en la cual los co-creadores se permitían intervenir con la idea de
transitar entre ellos y desaparecer, ver entre ellos o anular la vista por ser
tapados por un barco grande que impedía ver a otros pequeños o cómo desde un
barco pequeño podías ver a otros del mismo tamaño o más y más grandes,
utilizando diferencias de niveles en el cuerpo, diversidad de tonos musculares
para transitar entre ellos y hasta con los ojos cerrados para aprender a
reconocer los trazos de recorrido entre los barcos. También ahí existía la
posibilidad de crear un mapa de recorrido imaginario y/o concreto estipulado en
la actividad de Luís Corvalán (Coreógrafo, Concepción-Chile; Lector de Contexto).
Otra instalación era la Basura, aquella que se propuso en la
ventana que da vista al pasillo de la escalera en el costado de la sala de
lectura, en la cual se vislumbra la idea de lo público y lo privado, derivado
del cómo en ese ventanal podía penetrar hasta la sala la visibilidad de las
bolsas infladas o rellenas con más bolsas de plástico que estaban fuera de la
sala pero lograban penetrar, creando una instalación de bolsas plásticas en
variedad de colores y marcas de supermercados y farmacias presentes en la
ciudad. Valparaíso es una ciudad sucia en su habit(u)ar y no sólo responde
nuestra visión del paro municipal que acontecía durante el desarrollo de
Movimiento Sur –Academia internacional de Danza Contemporánea y Artes Escénicas
para Latinoamérica-. Esta ciudad es una barbarie que no calificaremos de
positiva o negativa, simplemente quisimos mostrar algo presente en el
territorio.
Por otra parte se quiso potenciar los elementos
arquitectónicos presentes en la sala que hacían referencia directa, que nos
permitían desarrollar, el tema de la gravedad, ascensión y descenso en los
cerros de la ciudad, así también las escaleras y ramplas presentes en ellos.
Esta instalación era propia del lugar que nos propusimos intervenir y trabajar,
lo que nos ayudaba a focalizar el cuerpo desde el contrapeso, la velocidad, la
gravedad, el agua (flujo interno, continuo, secuencial), saltos y apoyos de
secciones del cuerpo con la rampla, escalera y muro (vidrio y hormigón).
La cuarta y no utilizada instalación que se configuraba de
42 sillas pertenecientes al Parque Cultural de Valparaíso que hacían referencia
a la cantidad de cerros que conforman la superficie de la ciudad. Esta
instalación sólo buscaba hacer referencia a tal número sin necesidad de ser
explorada con los cuerpos danzantes, lo que también generaba un elemento de
restricción para los espectadores/creadores y un obstáculo para las carreras en
el espacio. Por otra parte, esta masa de sillas establecía una conexión con 17/42
de Daniel B. García (Xiapas-México) quien también
generó una estructura con las sillas presentes en la sala de proyección del
Parque Cultural de Valparaíso (sitio que nos acogiera en las ponencias de los
lectores de contexto y nuestras reuniones de trabajo).
La inserción de muchos barcos de papel, bolsas de basura y
sillas propone el concepto de saturación que se impone en Valparaíso, tanto con
la basura, escaleras, habitantes, población flotante, colores, casas, perros,
entre otros.
Uno de los objetivos de este trabajo era generar la
posibilidad y habilidades creativas de los espectadores de éste, quienes
podrían designar cantidad de integrantes interviniendo cada espacio que ellos
deseaban ver en acción, focalizando la narrativa en la creatividad del público
con los cuatro co-creadores ya sabiendo de qué forma intervenir cada espacio
según la cantidad de integrantes y espacios usados simultáneamente
(simultaneidad como elementos también expuesto por Rocío Venegas y Marcela Soto), con un cuerpo sencillo, despojado de
propósitos artificiales muy técnicos que generalmente evocan a los que ejercen
la danza. Aquí la coreografía terminaba su proceso en el espectador/creador,
quién también determinada la duración de cada intervención y de la propuesta en
su totalidad, generando también otra conexión con la propuesta de recorrido de Luis Corvalán que se vio interrumpida
en su proceso de campo por las anécdotas que acontecieron durante su
desarrollo, en donde algunos vieron finales y otros se vienen interrumpidos.
Siempre acercándose al instrumento y haciéndolo sonar para acusar un cambio o
final del ejercicio.
Trabajo lleno de signos visuales.
“Trazos imaginarios”
De Claudio Díaz (Actor/Bailarín/Cantante,
Valparaíso-Chile) es una cita y abstracción de la propuesta de mapa/recorrido
de Luis Corvalán inserta en el mapa
compartido por Marcelo Araya
(Diseñador), pero sobrellevada a la emoción, a líneas que cruzaban el espacio
de lo que eventualmente será el restorant del Parque Cultural de Valparaíso,
líneas que cruzaban y se insertaban en el cuerpo escénico, en los cuerpos de
quienes estábamos presentes como espectadores, líneas de lana que median la
altura de quienes compartían el espacio escénico elaborado por el mismo Claudio Díaz.
Estas líneas de
algodón eran líneas temporales cargadas de historias, de hitos emotivos y
corpóreos que nos hizo ver el intérprete creador, en donde pudimos ver hasta a
un perro colgado de ellas, jugando con el subir y bajar en las pendientes
desarrolladas del juego del creador con los trozos de lanas.
La ciudad de Valparaíso es un territorio que invita a
imaginar múltiples formas de recorrerla o a acortar trazos de desplazamiento
entre un lugar y otro, pero por su geografía y puntos de conexión va
estableciendo trayectorias específicas para recorrerlas más allá de lo que
podemos configurar en nuestra imaginación o del cómo podemos llegar a imaginar
las posibilidades para acortan caminos. Pareciera que del juego de lanas de
tenía Claudio en su inicio pudo proyectar un propio recorrido derivado desde
ahí para ejecutar en la escena, entregando una conexión entre la imaginación y
lo concreto, visible e irrumpiendo con las coordenadas de movilidad que las
lanas le permitían.
Los cruces de lanas podían también entenderse como aquellos
hitos y experiencias de los habitantes de la ciudad, aquellos encuentros con
extranjeros, con amores, con familiares, amigos u otros, en donde la
experiencia se hacía conmovedora para la reflexión en escena del creador que
intervenía el espacio.
Cortar las lanas proyectaba lo selectivo, los aprendizajes,
lo que elimino, sumo o sustraigo de mi línea temporal, de mi aquí y ahora para
avanzar.
Aquí vivía un cuerpo temeroso, emotivo, con gestos de
movimientos que se volvían a ejecutar, generando, quizás, la manera de decir
“estoy aquí mismo, en otro instante, no
obstante de la misma forma”. La musicalidad generada con el megáfono establecía
aún más esa conexión con lo profundo, agobiante y penumbroso que podía ser el
idear imaginarios en uno mismo, pues en el imaginario hay cosas que se
concretar y otras no.
Por otra parte se podía ver como cada trozo de lana era una
neurona estableciendo puntos de conexión con otra desde sus axones para generar
sinapsis, desde los estímulos para generar reacciones.
Aquí hay una conexión con la propuesta de Milca Galea (Valparaíso-Chile), quien elabora una
propuesta de trazos concretos en el vivir la ciudad.
Trabajo lleno de signos emocionales.
“17/42”
Fue este quizás el viaje más largo pero con plena claridad
en el proceso general del laboratorio de investigación y creación en Movimiento
Sur, entregando un resultado desde la visión y experiencia interna de Daniel B. García (Antropólogo/Coreógrafo,
Xiapas-México) compartida con todos los compañeros del laboratorio. Aquí Daniel
se propuso espacio para cada uno de los compañeros becarios ya fuese en 42
movimientos o 42 segundos que quisieran coreografiar para su secuencia final,
en la que el creador expuso la identidad de cada uno de los participantes en
conexión con su persona.
Para este trabajo fue importante el ¿con quienes crearé, creo, entregaré
resultado?, fue su manera de focalizar las inquietudes de sus compañeros y el
ser de cada uno en su propuesta coreográfica final interviniendo la sala de
proyecciones con sus danzas, sus textos, sus músicas, sus sonidos, sus objetos
y la imponente estructura de sillas fijada a la ventana que permitía ventilar
la sala que nos congregó durante las dos semanas de ejecución del laboratorio.
Focalizándose en el ¿quiénes somos? Formando com(ún)idad.
Daniel B. García nos leyó su carta de motivación para participar, sus propósitos para estar presente en el laboratorio y ser acreedor de la beca otorgada por Goethe Insitut, la cual le permitió llegar a Valparaíso-Chile e internarse en la experiencia del laboratorio y en la comunión con este grupo selecto de personas que entregaron mucho material para su trabajo final, algunos visibles y otros no.
Aquí existió un terreno expositivo y luego de integración de
los espectadores al espacio, para finalizar con un momento de integración de
otros en su propuesta, disponiendo de un momento de danza karaoke, lo que
generaba también una conexión de su propio método de imitación kinética y
aprendizaje de cada frase que los compañeros le compartimos pero esta vez en el
aquí y el ahora desde una pantalla de computadora.
¿Qué hay aquí de Valparaíso? Aquí está la unificación de 17
creadores en comunión directa o indirecta por 14 días, estableciendo puntos de
discusión, generando propuestas a futuro, estrechando lazos, compartiendo
comidas; diálogos, inquietudes, quejas, felicidad, proyecciones, evaluando,
sumando, restando, compartiendo datos, creando una red y muchas otras formas de
interacción.
Aquí estuvo la alteración de una sala que nos congregó en un
espacio expositivo formal,
descolocándola y volviéndola en una sala de interacción y vaciándola o
entregando una nueva forma a sus sillas.
Trabajo lleno de signos de comunicación verbal y no verbal.
“azotea, pasto y
árboles”
Desde la simplicidad de la metodología para entregar y
obtener el resultado esperado/ sorpresivo y emotivo, Rodrigo Benítez (Músico/Coreógrafo, Valparaíso-Chile) logra
conectar lo que Patricio Bunster
denominaba MUMO –relación música
movimiento- en que se pudo abarcar el espacio arquitectónico del Parque
Cultural de Valparaíso, territorial de la ciudad de Valparaíso y sonoro de la
propuesta de Benítez. La música y
los cuerpos dispuestos en la azotea jugaron con la profundidad, los tiempos, la
lentitud, el subir y bajar, y la contemplación en la amplitud del espacio y de
lo que la música podía abarcar. También generó un espacio de despedida de los
ejecutores/creadores en el hacer de la propuesta de este creador ya que por
última vez nos enfrentábamos al mar frente a nuestros cuerpos desde la altura
del quinto piso del edificio del Parque.
Aquí se logró apropiar de la inmensidad en altura que
Valparaíso genera en los visitantes observadores, contempladores, generando de
alguna u otra forma arriba al borde de la azotea una conexión con el ejercicio
de Resistencia e imponente desborde energético de Resistencia propuesto por Ana Carvajal (Santiago-Chile) en diálogo con María Paz Calabrano (Punta Arenas-Chile).
Los ejecutores/creadores de este trabajo, Ernesto Ortiz, María Paz Calabrano, Ana
Carvajal, Daniel, Isabella Goncalves, Abigail Gueler, Estefanía Solórzano,
Milca Galea, Guillermo Becar y Paulina Dagnino fueron muy serviciales,
cuidadosos y generosos con lo propuesto por el artista residente en la ciudad
de nos congregaba a crear.
Fue también una manera de conectar el primer día de
reconocer la ciudad desde el espacio que nos acogía para el estudio
unificándolo con el día y los pocos minutos que nos quedaban para despedir la
actividad que nos reunía.
Composición instantánea, en manos de los ejecutores; a ratos
inquietos, a momentos inseguros pero con calma para disfrutar lo que acontecía
en comunión con otros.
Las líneas de movimiento en cuanto al trazo de
desplazamiento propuesto por Rodrigo, el abarcar el espacio, el tiempo y la
atención en el Parque Cultural de Valparaíso generó sin duda alguna una
atracción y momento sublime de silencio e inmensidad por los cuerpos en
tránsito quienes se cerraban/abrían, formaron filas, líneas rectas/líneas
curvas, constelaciones/núcleos.
Trabajo con signos de confianza.
“Resistencia”
Es la propuesta de Ana
Carvajal (Coreógrafa/Docente/Columnista, Santiago-Chile) y María Paz Calabrano (Bailarina/ Docente/Productora, Punta
Arenas-Chile), en que se pone la figura y filosofía de resistir, concepto que para Carvajal y Calabrano habla mucho del
cómo son los porteños, del cómo establecen un desarrollo tan político en su
hacer y vivir la ciudad, que no tiene que ver con una política partidista, sino
más bien con un actitud y virtud de enfrentar el día a día, que se visualiza
como un mecanismo de defensa y de contener la ciudad y su pueblo.
Basta con ver cómo fueron las ponencias durante el
laboratorio, las reacciones a las publicaciones en los medios digitales de
comunicación y en los diálogos formales e informales durante Movimiento Sur en
que pareciera que todo era defensivo y ofensivo desde la palabra, en que
pareciera que todo debía tener una defensa en la colina y que todo lo que se
dijera no fuese constructivo ni una opinión válida sino, muy por el contrario,
algo a lo que había que refutar y por lo que ofenderse.
La visión de Rocío
Venegas de la ciudad era un tanto crítica pero Marcela Soto defendía desde el amor y desde la belleza que ella
veía en cada foco que Rocío Venegas
exponía como gravedad del territorio, a lo que la arquitecta resistía y oponía
constantemente. Eso habla mucho y dicta uno de los ejemplos de Resistencia a los
que Carvajal quizás deseó exponer en
su trabajo.
Por otra parte Resistencia también propone la visión de los
cuerpos contenedores de historia, lucha y esfuerzo de la ciudad de Valparaíso,
de los cuerpos mal tratados, sobrepasados, abusados.
Resistencia habla de un cuerpo que resiste como un núcleo o
como un cuerpo fragmentado o que se va desgranando a medida que la resistencia
no da más, eso sin necesidad de ver un cuerpo que acusa resistencia o va
soportando el mantener con esfuerzo, pues eso desde ya desconfiguraría la base
de sostener.
Otra visión aquí es la de los cuerpos que Resistieron dentro
del Parque Cultural de Valparaíso (Ex Cárcel) siendo presos políticos en la
dictadura militar en Chile comandada por Augusto Pinochet y poderíos
económicos, sociales y políticos.
Trabajo con signos y gestos no verbales que dicen mucho del
cómo se construye y vive la población en determinado lugar.
Ana Carvajal y María Paz Calabrano también realizaron
un video sobre los conceptos de rusticidad, precariedad, tiempo, soporte y
resistencia, que también jugó con la idea de ser resistido a ser visto, posicionándose
en una sala cerrada, que generaba incomodidad o creatividad para ser visto.
“Trayecto”
Milca Galea (Bailarina/Cantante, Valparaíso-Chile) realizó
un video que nos fue expuesto en la sala de proyecciones, el cual nos narró y
demostró un recorrido desde el piano en el interior de su casa hasta el mar, descendiendo
por el cerro Barón, jugando con las pendientes, la velocidad, las
inclinaciones, tomar y soltar el centro. Es un viaje desde los sonidos de su
piano a los sonidos del mar con su cuerpo entrelazado a las rocas.
Su video parte conectando el todo de Milca Galea; música, cuerpo, imagen y realidad, entregándonos de
manera humilde y sencilla su espacio de diario vivir, conectándonos con un
Valparaíso que es SU territorio, su hogar, sus calles, sus vientos, olores,
colores, etc.
Aquí hay una conexión con la propuesta de Claudio Díaz quien también hablara de
trayectorias, él imaginarias y Galea
de trayectorias tangibles. Ambos residentes en Valparaíso.
Este viaje es una propuesta tan sensible, en la que una
cámara sostiene los pasos a seguir para abrir-cerrar una puerta y comenzar el
descenso.
Galea nos vinculó
nuevamente con el recorrer los cerros, trazar líneas en un mapa que puede ser
del cotidiano, mecánico, repetitivo o variado según ella quiera o pueda salir
de casa para llegar a tomar el mar, otra visión que establece un marco de
conjugación con la actividad propuesta por Luis
Corvalán en el sector de la Iglesia Matriz. Recuerdo como ese día, al
interrumpir/u observar con otro ojo la actividad cerrada para algunos/no cerrada para otros, Milca Galea nos hablaba de antiguos
estudios de campo elaborados por ella en sectores aledaños al explorado para un
trabajo que generó en su pasado. Desde ahí creo que ella se introduce en la
idea de pueblo y territorio, de visibilidad a lo diario, a la pertenencia para
mostrarnos en su video.
Fue un yo, aquí estoy, así recorro, estas son mis
trayectorias, mis puntos de referencia, mi sensibilidad e identificación con
esta ciudad puerto, con esta ciudad que mira el mar y se reviste de colores
para ser espejada en el mar; ésta es mi inocencia y humildad.
Gestos de simplicidad.
“Marinerita”
Paulina Dagnino
(Actriz/Doctora en Artes Escénicas, Salvador de Bahía-Brasil) se
posiciona sobre una escalera de la ciudad, en la cual canta algo que deja
entrever el pasado, quizás aún presente, de Valparaíso, la conjugación de
marinos mercantes o armados y las mujeres del puerto.
Juega con la nostalgia y la ambición por el amor entre una
mujer del puerto y un hombre, buscando ir por algo más que la estadía pasajera
de un hombre y poder viajar junto a ella hasta su lugar de procedencia.
Esa misma canción juega con la imaginación y realidad de
prostitución en un puerto, la compra, uso y venta de artículos usados. Una visión
a la sociedad, al cuerpo desde su sociología, desde el construir mercados
funcionales, lo que conecta también con la venta de ropa usada, costumbre
visible en la ciudad de Valparaíso.
Este trabajo propone al espíritu de una mujer rondando este
escenario externo-interno del parque, jugando con lo público y privado en
relación a lo cercano de los hogares y cruces de cerros y calles en la ciudad;
bajo la idea de mi patio también es tu patio desde la sonoridad.
Este trabajo podía verse desde dentro del parque, desde
fuera y desde el quinto piso del edificio gris del parque cultural de
Valparaíso, lo que se conjuga a las perspectivas diversas en que uno se puede
encontrar con un sinfín de cosas o elementos que suceden/habitan Valparaíso.
Aquí está presente el subir/ bajar, vaciar/ contener.
Para Paulina Danigno,
este también es un punto de conexión con la nostalgia, la voz, los sonidos, los
colores, los cerros. También elabora una mezcla musical con Brasil citando a
María Betania.
Un trabajo lleno de signos lúdicos y dinámicos.
“ValSparaíso”
De Ernesto Ortiz
(Coreógrafo/Docente/Investigador, Ecuador) es una cita a la estética y nostalgia de Valparaíso desde
la fotografía presentada por Ana María Briede
con el libro Valparaíso de Sergio
Larraín.
Ortiz tomó la
concepción de que la fotografía es movimiento y una composición por sí misma,
más allá de lo que el autor busca o no decir, originando en otros más
movilidad.
En esta propuesta también se presenta un viaje a lo antiguo,
a la nostalgia, a los recuerdos, al pasado de una ciudad, conectando lo latente
de ese pasado en el Hostal que acogió al creador durante su estadía en la
ciudad y lo que desprendió de las imágenes de Sergio Larraín, dando
volumen a lo que Briede había
presentado a los becarios del laboratorio el día de su ponencia.
Es un constante viaje al pasado.
Es un constante viaje al pasado.
Para intervenir el espacio y crear sobre el cuerpo y las
imágenes Ortíz invitó a Ana Carvajal como compañera de su
viaje, también pidiendo colaboración a Maríz
Paz Calabrano con su cámara y componiendo sus propias versiones de
Valparaíso en el Hostal. Entre los tres lograron crear poesía, belleza y dar vida en cuerpo a lo que un lugar por su
arquitectura, color y textura puede decir de él.
Trabajo de poesía en imagen blanco y negro.
Por Guillermo Becar Ayala
* También puedes leer mis notas en www.alavena.cl sobre H3 de Grupo de Rua, el trabajo de Xavier Le Roy en La Consagración de la primavera y el final, intento, proceso del laboratorio en Movimiento Sur, Valparaíso, Noviembre-Diciembre 2013-








No hay comentarios:
Publicar un comentario