Focus Group: queremos ser actuales

lunes, 16 de enero de 2012

La danza que juega.


Existen espacios sencillos para la creación. Situación que nos vuelve a todos creadores en movimiento.

Tanto la danza como el juego son un movimiento orgánico, propuesta de un estímulo-reacción. Y hoy cuando estamos, cada vez más, alienados y faltos de libertades para la construcción, es que el juego se nos presenta como un principio de creatividad que permite el desarrollo de las personas. Una instancia para que la imaginación se haga presente, un espacio en donde nos volvemos pequeños seres que gozan de las utilidades más mísero-maravillosas de la vida.

El juego resulta ser una “metodología” implementada por todos los docentes, creadores e intérpretes de la danza, ya que es el espacio en que de manera lúdica, abstracta o no, emplea lo necesario para poder crear. Dentro de esta forma de guiar los procesos está la “improvisación”, la que nos entrega ese instante dinámico, participativo, cognitivo, creador.

Ese espacio de dispersión favorece entregando resultados en las disposiciones espaciales, diversidad temporal, variación kinética, y desarrollo narrativo entre otros. Entonces, sí, el juego entrega esa riqueza a la composición instantánea, a lo que queda, a lo que se fija y a lo que nutre el proceso.

El juego llena más que el espacio.

A los adultos, el juego nos comunica con los pares, pero más allá de esto, nos entrelaza con los más pequeños, nos hace volver a un espacio de diálogo en que no se debe disponer más que del hacer, el ánimo y el desafío mínimo de crear. Nos llena de nostalgia, de recuerdos, de simpleza.

A los padres los ayuda a hablar el lenguaje de sus hijos, a los niños les entrega la expresividad y la creatividad necesaria para entender el mundo, las relaciones… y a los jóvenes también los llena de esa riqueza.

Cuántas veces nos hemos preguntado cuando dejamos de crear, de interactuar, de manifestarnos sin la necesidad de un verbo-palabra. Cuántas veces nos damos el espacio para entrar al contacto piel a piel, a ser mediados por una pelota, un cordel, o una simple palabra que tome valor en medio de una dinámica, cuántas veces hemos sentido que somos pequeños seres que danzan en el universo desde un aspecto tan básico y que pone en el clímax todos nuestros sentidos.

En Septiembre Matucana100 ha presentado CREO FALSO, una obra de danza creada por Ana Carvajal, en la cual el juego es el elemento básico para la interacción entre los intérpretes, entre el espectador-intérpretes y entre la obra y su creadora. Obra que se basa en las experiencias propias del juego y el azar.

CREO FALSO es una obra muy sencilla, llena de amabilidad para la relación espectador-obra y en ausencia de aquellos tecnicismos a los cuales, nos acostumbra la danza desde los virtuosismos. Y es, sin duda, el resultado que nos entrega el juego en una disposición espacio-temporal. El espacio en que nos podemos conmover, relacionar e identificar.

La danza desde un principio tiene sentido ritual, ceremonial, y desde ahí, también, podemos encontrarla en el espacio del juego. Un rito para los niños del cual nosotros, los adultos, también nos hacemos participes de vez en cuando. El cual, a modo personal, me parece, debería ser un punto de encuentro-comunión que no deberíamos abandonar jamás, ya que estimula la creatividad.

“Si ocurre un suceso humano a través del movimiento, eso es danza”. Patricio Bunster.

En enero, Creo Falso también se hace participe del festival Santiago a mil.

No hay comentarios: