
En un nuevo espacio adaptado para sala de danza, ubicado en Merced #80, tuvo una temporada la pieza “Focus Group: Queremos Ser Actuales”, desde el 25 de noviembre al 4 de diciembre. Esta obra se instala en problemáticas contemporáneas sobre la actualidad y lo vigente, situando al cuerpo como materia y la visión de cómo está siendo tratado en la escena actual, buscando indagar en un grupo específico lo común vuelto elemento escénico.
Guillermo Becar Ayala es licenciado en danza de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Establece su desarrollo en danza como intérprete, profesor y coreógrafo; se ha desempeñado como intérprete con diversos coreógrafos nacionales, es profesor y coreógrafo del Ballet Folclórico de Puente Alto, dependiente del departamento de cultura de esa comuna, donde está a cargo de la formación en técnica moderna y contemporánea de los integrantes del elenco y su academia. En sus creaciones nos encontramos con: “Contigo”, “Pecados Absueltos”, “Lo que tú me das”, “Te siento”, “F”, “ANDREA”, “Tacos en La Avenida: p5t1s”, “Tacos en La Avenida: él”, “MEMOria”, “Cantata Puente Alto”, “ALAS” y “Celebreichon”. Actualmente está dirigiendo su trabajo a la acción en danza, volcando la poética en lo concreto y minimalista, situando sus trabajos en la investigación de aquellos encuentros sociales ya definidos en los cuales la danza puede o no estar presente, como por ejemplo: celebraciones, focus group, velorios, etc.
Desde este punto de vista es interesante lo que nos plantea Becar en su obra porque basándose en los cuestionamientos hacia la danza que muchísimos teóricos, docentes, coreógrafos y bailarines se realizan compone Focus Group: Queremos Ser Actuales”, exponiendo en una hora la crisis contemporánea respecto a la danza en una propuesta que entretiene bastante pero a la vez es una ironía cruda, sin tapujos, sobre qué es lo actual.
Apelando a la insuficiencia de espacios para la danza se elige para mostrar esta pieza coreográfica una sala de danza ubicada en el subterráneo de un minimarket del barrio Bellavista. Es un lugar pequeño adaptado para realizar las funciones y un grupo limitado de personas vea la obra. Reconociendo en este hecho quizás lo hermético de la danza, la exclusión de la masa social, de cierta manera se apunta al “focus group”, una técnica de estudio de las ciencias sociales conocida como grupo de discusión o sesiones de un grupo de 6 o 12 personas, donde se indaga en las actitudes y reacciones de un grupo social específico, en este caso la danza en Chile frente a un asunto social y político.
La sala nos induce a reconocer el esfuerzo de la danza emergente y su autogestión, donde quienes no tienen cabida en las instituciones y teatros por la gran competencia y falta de espacios, rescatan diversos lugares para presentar sus obras contribuyendo al arte social y crítico en este país.
Es así como al ingresar al subterráneo de este minimarket, los espectadores se encuentran con una sala incipiente de danza que presenta una completa instalación para dar la función, al bajar la escalera se nos da un piso para sentarse y un grupo de alrededor de 10 o 12 personas se sienta frente al gran espejo de la sala mientras una de las bailarinas danza incesantemente; los espectadores expresan una cierta incomodidad frente al espejo o especie de narcisismo social, es difícil enfrentar el rostro y no cuestionarse. El cuerpo del espectador también entra en un rol protagónico dentro de la escena, está visible en todo momento. Pero este hecho también alude ejemplos de la pintura pre- renacentista en las cuales se representa una escena cotidiana y cuyo centro de atención es el espejo que se encuentra detrás de los protagonistas que nos devuelve la imagen de ellos y de nosotros mismos.
La primera escena parte con las bailarinas mencionando sus nombres e introduciéndonos al “Focus Group Queremos Ser Actuales”. Se asume entonces que no veremos personajes sino a Andrea Zuloaga y Diana Carvajal en escena, quienes comienzan simulando una pasarela con sus cuerpos modelando frente a nosotros en ropa interior y vestido corto en colores calipso y violeta respectivamente, utilizando también encima unos abrigos plásticos transparentes. Se nos expone la belleza femenina, colocando en cuestionamiento el cuerpo, qué y a quién preferimos ver de las dos intérpretes, aparece el cuerpo-objeto, aquel que existe a través de otro. La historia tradicional del arte no es sólo una historia visual, sino de representación, hasta la identidad del cuerpo-otro. Este es el punto en el que se encuentran imagen y cuerpo. El cuerpo-otro es el cuerpo en la imagen, el que hoy en día está consuetudinariamente tolerado en lo plástico, artificial, en la explotación del cuerpo objeto de la mujer en los medios publicitarios y televisivos.
La escena se rompe cuando las intérpretes empiezan a describir las imperfecciones de sus propios cuerpos; el cuerpo modelo y de belleza perfecta se nos fisura para ser develado en su naturalidad, expresando que es chico, espalda ancha, contiene estrías, celulitis, rollos, espinillas, puntos negros, etc. Pareciera que el cuerpo ideal funciona por estereotipos sociales impuestos en cánones de belleza de la cultura griega que no pertenecen a la nuestra y se sustentan en algo inverosímil.
Las intérpretes realizan un fraseo contemporáneo cuyo dibujo espacial es un cuadrado, situándonos en un marco de la visión de la danza, al finalizarlo toman Coca-Cola mientras realizan pasos de técnica académica eructando y luego ofrecen bebidas al público para que eructe junto con ellas. El cuerpo entra en otra problemática, esta vez hacia la danza y su técnica, ejecutándola a pie descalzo y eructando. Se critica la represión del ballet, esta danza que no respira, que no transpira, que no es cotidiana ni natural y no tiene ningún sonido bucal. El cuerpo al eructar se coloca grotesco y deja totalmente de ser femenino, rompe totalmente con la estética académica de representar algo sublime y eminente.
La “Coca-Cola” nos puede representar un consumo masificado mundialmente, unido al cuerpo simboliza que el concepto de belleza va pasando por diferentes etapas hasta llegar a nuestros días en que el consumismo y los medios de comunicación de masas hacen este concepto continuamente cambiante y globalizado.
Al usar en la obra la bebida Coca-Cola podemos recordar a Andy Warhol, artista Pop Art, quien durante los años ’60 pintaba este producto en serie por ser un símbolo cultural estadounidense, presente en los medios de masas, periódicos y carteles.
Pareciera que Guillermo Becar, basándose en problemáticas con respecto al arte y a la danza, representa sucesos en la obra que marcan hitos que han dado un vuelco en la visión artística. Es así como después las intérpretes recorren una serie de bailes que nos representan una ironía de los que vemos en la televisión chilena concretando una frase de Warhol: "En el futuro todo el mundo será famoso durante 15 minutos".
En esta escena la danza se nos contextualiza en Chile, vemos lo que a la masa le entretiene, el cuerpo expuesto burdamente en los medios televisivos, una serie de movimientos que pasan por modelos de televisión y bailes de espectáculo expuestos en concursos y reality shows.
Cuando una intérprete come grotescamente spaguetti, nos presenta varias lecturas a interpretar; la imagen del Coca Mendoza comiendo de la misma manera en un reality; como también el hecho de comer apuntado a la danza nos provoca una ruptura, puesto que jamás se nos pasaría por la mente que los bailarines comen durante una escena; lo dispuesto cuestiona el cuerpo del bailarín al estar la otra bailarina anhelando comer esos tallarines y ver cómo los disfruta quien los come; se nos insinúa entonces los problemas de alimentación que existen en los bailarines por resguardar la figura.
La escena se quiebra al entrar las bailarinas a cantar y bailar “yo tengo un tallarín” e invitan al público a realizarlo con ellas, el cuadro se vuelve lúdico y pareciera que los espectadores disfrutan el recordar este juego de infancia y bailarlo en escena sumando más público hasta que las intérpretes caen al piso y aguantan la respiración. Toda la atención de la obra recae, no tanto en los personajes sino en los espectadores de esta, nos vemos de nuevo reflejados en el espejo pero esta vez moviéndonos y no hay manera de escapar de la mirada del otro.
La obra se vuelve sensitiva al levantarse las intérpretes y bailar incesantemente un fraseo contemporáneo acorde con la música que se va acelerando, notamos el cuerpo vivo, vemos dos cuerpos verdaderos, que transpiran, se les agita la respiración, se cansan y pese a eso se mueven sin dificultad hasta volver a recordar las imperfecciones de sus cuerpos, las manchas, las estrías, la celulitis, los defectos, etc. El cuerpo se torna ordinario y cotidiano para volver a decirnos al público que se tratan de Andrea Zuloaga y Diana Carvajal en esto es Focus Group Queremos ser Actuales.
Esta propuesta contemporánea analiza varios sucesos de lo que acontece hoy en día no solo en la danza, también en nuestra sociedad chilena, se nos instala un Focus Group sobre una lógica de narcisismo colectivo que para Fromm es una consecuencia lógica del narcisismo individual, donde el individuo catectiza los objetos de su alrededor, a los otros, al grupo con el que se identifica y así sus relaciones no son completamente con lo de afuera sino es lo de afuera investido de su propia energía, es decir se relaciona con los otros como con sí mismo.
La escenografía nos sitúa en una especie de departamento contemporáneo con asientos plateados, mucho plástico, comida rápida que sale del microondas y a la vez el espejo que nos habla sobre la danza, la vitrina, la exposición del cuerpo.
Es un acierto de Becar que su equipo de trabajo sean las bailarinas Andrea Zuloaga y Diana Carvajal, quienes realizan un excelente trabajo interpretativo acorde a todo lo que sucede en la obra, realizando diversos roles como cantar y bailar dominando diversos estilos como la técnica clásica, moderna, contemporánea, hip hop, flamenco y danza espectáculo. Su diseñadora integral, Catalina Espinoza, quien además practica ballet clásico, potencia este trabajo gracias al acercamiento que tiene con esta disciplina, realizando una hallada fusión entre el diseño y la danza, ya que cada escena resalta sensitivamente su significado. Podemos notar que la puesta en escena se conjuga afinadamente dentro de lo que pretende exponer.
El movimiento y expresión que se utiliza en la obra va cuestionando la forma y la imagen del cuerpo que se ha hecho presente a lo largo de la historia, la iluminación nos ayuda a notar este aspecto con luces más preponderantes cuando se trata de instalar el cuerpo en un artificio de televisión o pasarela de modelos, y más tenue para recordarnos una escena impresionista en tonalidades más sutiles y colores que nos traducen los tonos pasteles.
La música utilizada para la pieza se relaciona con el cuerpo, el movimiento y la propuesta, varía entre Sonata "La Follia" de Vivaldi, "Far Far" de M.I.A y "Follow me" de Quem Que Caguetou. Las bailarinas se relacionan con la música siempre acorde a ésta o en absoluto silencio.
Las escenas acontecen según un hilo conductor que recorre varias etapas del arte, la danza y nuestra sociedad, muchas veces para ironizarlo con el fin de encauzar una intención que va más allá del significado más simple o evidente de las palabras o acciones. Se utiliza el método de Brecht para provocar el distanciamiento del elemento anecdótico.
La obra pretende concienciar al espectador y hacerlo pensar críticamente en la sociedad con respecto a lo que ocurre cotidianamente en los medios masivos y de consumismo. Abordando esta problemática desde la danza la obra replantea y cuestiona la visión estética de esta disciplina frente a símbolos y sucesos que han marcado sus ejes temáticos.
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